Mi casi ceguera fue algo tan común como particular… una antigua ambliopía en el ojo izquierdo, sumada a un repentino hemovitrio en el derecho, fue lo que precipitó o desencadenó la ceguera temporal, devenida en “casi ceguera”, desde finales de 2006 hasta setiembre de 2008, fecha en que finalmente pude operarme.
Todo lo demás es historia. Hoy, veo la vida como si estuviera detrás de un vidrio empañado, que si bien, es definitivamente molesto, comparado con lo anterior, puedo llegar a considerarlo como un mal menor.
Entrar en las particularidades de esos “casi” dos años, inevitablemente me enfrenta a un melodrama, que ni antes ni después, lo acepté para mí y mucho menos a mi entorno. Sólo puedo decir que me hice de nuevo. Que aprendí a ver, aún sin ver prácticamente nada. Que la balanza siempre se recostó para el lado de los logros y las gratificaciones. Y que nada de lo que diga puede describir textualmente lo que mi alma siente y sintió en todo momento.
Solía decir que mi problema se debía a una extraña simbiosis con la República Argentina… con una izquierda totalmente fuera de foco y constantemente sangrando por la derecha. Hoy, si seguimos con las analogías, bien puede decirse que mi retocada mirada también se parece mucho a la realidad. Nada es claro. Todo está borroso. De cerca es espantosa y la cirugía, más tarde o más temprano, será inevitable…
Lo más destacado de todo, han sido mis blogs, pues los hice, como ya te habrás dado cuenta, sin ver aquello que hacía. Sólo imaginaba que veía, y te aseguro que así era. ¿Cómo? Así. Sin hablar del tema. No alterando la rutina acreditada, dejando a mi mente recordar lo conocido y siguiendo con mi vida como si nada hubiese pasado… Tanto así, que nadie, si no lo decía, se daba cuenta de mis limitaciones, pues no faltó simulacro que dejara de hacer a la sazón.
En la intimidad, obviamente, algunas veces se notaba. Los libros, por ejemplo, los deshojaba, scaneaba sus páginas, aumentaba el tamaño de la fuente y así los leía. Para escribir igual, pues mis dedos recordaban exactamente la ubicación de las letras en el teclado. Y así con casi todo. Si no me salía, lo inventaba. Cuando necesité llorar o gritar, grité y lloré. Si quise dormir, dormí. Tildé a mi mente haciendo cosas absurdas y me reí de todos mis fracasos, accidentes y también de varias penas…
Si tengo que elegir qué cosas cambiar u olvidar de esta experiencia, pues diría; ninguna. Ha sido y es, parte de un proceso inevitable. Es mi propia vida, viviéndome intensamente en cada instante. Mi pasado acomodándose al emborronado presente. Un regalo inesperado. La existencia más consciente. El dolor más grato. La excelencia de la aventura constante. El tiempo más ausente y un encuentro definitivo con la que seré hasta mi muerte.
Y para terminar, si es que puede cerrarse algo que no necesita de ningún final, sólo agrego, a quien quiera seas hoy, que nada he borrado de lo vivido. Está, tal y como ha quedado en mi memoria desde aquellos tiempos. Ocupando el lugar que le corresponde sólo a ese momento. Si bien, nutre y gratifica únicamente a la hora del recuerdo, sigue latente en todo lo que conforma mi existencia.
Soy esto que soy por todo aquello que he sido. Y no tiene ninguna otra lectura. Eso lo he tenido y tengo siempre bien claro. Por ello, a todo lo acepto, apruebo y amo tal y como es, ha sido, está y seguramente estará o será… Siempre. Y reafirmo estas pobres conclusiones, con la humilde certeza de haberme demostrado, en forma notoria, que si de verdad alguna vez estuve ciega, eso fue sólo cuando veía. Posiblemente no supe, no pude, o quizá no me animé, a desprogramar mi ego para disfrutar de las simplezas cotidianas de la vida, que de última, es a lo único que todavía me atrevo a llamarle mío.
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